Perdido en el Retiro

Hace unos cuantos meses, dando un paseo por el Parque del Retiro, en Madrid, sufrimos un susto -por suerte, sólo un susto- de los que marcan: durante quizá unos cinco minutos perdimos a Dani (y Dani nos perdió, claro). 

Os cuento cómo sucedió, para ubicaros, aunque lo más importante son las lecciones que pudimos extraer. 

Íbamos formando dos grupos, separados una cierta distancia (uno más adelantado que el otro). Y había mucha gente. Dani, que iba en el primer grupo, decidió acercarse en patinete hacia el grupo de atrás. Como había mucha gente, ni los del grupo de atrás vimos a Dani ni Dani nos vio a nosotros. Y pasó de largo. 

En cuanto alcanzamos al grupo delantero nos dimos cuenta de que Dani se había perdido. Y ahí decidimos que algunos nos iríamos en diferentes direcciones y otros se quedarían, por si Dani volvía. 

Os podéis imaginar todas las cosas que se me pasaron por la cabeza en esos minutos eternos. De todas ellas, la más terrible era, por supuesto, que alguien hubiera raptado a Dani. Y lo que me reconcomía era pensar que vivimos en una sociedad en la que no se mueve un dedo si vemos a un adulto arrastrar por la fuerza a un niño que llora y grita. 

Y ahora os cuento las lecciones aprendidas. Como siempre, estáis invitados a aportar más. 

– no obligues a tu hijo a obedecerte. Que sean la razón y el sentido común los que le hagan actuar de uno u otro modo. Si está acostumbrado a obedecer, es muy probable que una actitud firme por parte de un secuestrador o pederasta le impidan negarse y reaccionar. 

– en el caso de ser raptado, que grite, diciendo claramente cosas como “me están raptando” o “este señor no es mi padre”. 

Ya olvidándonos de raptos y pensando solamente en el caso de un niño perdido:

– que pida ayuda. El problema es a quién. La policía es un buen objetivo (Dani quiso acercarse a unos policías, pero pasó un grupo de ciclistas por el medio y renunció  a llegar a ellos). En general, personas con niños deberían ser también un buen objetivo. 

– cuando Dani se vio perdido, decidió dar la vuelta. Gracias a eso se encontró bastante pronto con quien fue a buscarlo en esa dirección. Creo que es una buena decision: volver al punto de partida. 

– los lugares donde hay mucha gente son especialmente peligrosos. No descubro nada. Hay que estar especialmente atento. 

– cuando estamos muchos adultos (un grupo de amigos o familiares, por ejemplo) a cargo de los niños, el riesgo se incrementa. Por dos motivos: estamos más distraídos y además más relajados en nuestras tareas de vigilancia; delegamos en el grupo la labor de estar pendientes. 

Y cuando aparezca el niño, por favor, no hagáis caer sobre él vuestro error como cuidadores. Si vosotros estabais asustados, él no lo estará menos. 

Que nunca tengáis que vivir esta situación, amigos. 

Soy sólo una mujer

Soy sólo una mujer y ya es bastante,
con tener una chiva, una tartana
un “bendito sea Dios” por la mañana
y un mico en el pescante.

Yo quisiera haber sido delineante
o delirante. Safo sensitiva
y heme,
aquí
que soy una perdida
entre tanto mangante.
Lo digo para todo el que me lea,
quise ser capitán, sin arma alguna,
depositar mis versos en la luna
y un astronauta me pisó la idea.

De PAZ por esos mundos quise ser traficante
-me detuvieron por la carretera-
soy sólo una mujer, de cuerda entera,
soy sólo una mujer, y ya es bastante.

(Gloria Fuertes)

Feliz día de la mujer trabajadora.

Buscando un cero

En la fachada principal del edificio del Ayuntamiento de Moaña hay un recordatorio permanente de las víctimas de la violencia machista de este año. Ahora mismo, cuando escribo este post, son 13. Y estamos comenzando Marzo. Por terrible que suene, cuando termine el año ahí habrá un número mayor que 50, con total seguridad.

Muy cerquita del ayuntamiento hay un parque infantil, donde los niños juegan, alegres y ajenos a esa espantosa cifra.

Y me pregunto si ya a esas edades comienza (o ha comenzado) la violencia. Me pregunto si los adultos contribuimos a crearla, inventando diferencias inexistentes. Si continuamos demostrando que esa diferencia existe después, en nuestras casas y el resto de nuestras vidas, cada uno con su rol. Y me respondo que sí, desafortunadamente. No nacemos así de serie.

Y me respondo también que está en nuestras manos la solución, así que podemos y tenemos mucho que hacer.

Para que los hijos de nuestros hijos vean los números de esa cifra siempre a cero.

Dumbing downd

Hoy, gracias a Laura Mascaró, he conocido este término, dumbing downd, tendencia a entontecer. La cuestión de fondo es si estamos, efectivamente, entonteciendo a nuestros niños, simplificando el lenguaje de los textos que leen o les leemos.

Mi opinión personal -y por lo que nuestra experiencia nos dice- es que a los niños se les puede presentar, perfectamente, cualquier obra maestra tal cual es (hablo de literatura [incluyendo -o sobre todo- poesía], hablo de arte, hablo de música). No es necesario simplificar ni reducir el material que se les presenta. Y creo que es contraproducente hacerlo: por una parte, porque estamos alterando una obra maestra (y no para mejorarla, seguramente); por otra, porque privamos a nuestros niños de aprender nuevas palabras y expresiones; finalmente, porque nos privamos a nosotros mismos de completar con explicaciones aquello que no entiendan o les cueste entender. En el artículo que dio origen a esta conversación (enlazado al final de este post) se cita un ejemplo que me ha parecido especialmente significativo:

Aquella frase («No adoptes ese aire tan solemne») en el libro de Enid Blyton que la propia Nuria leía de pequeña había mutado a una mucho más liviana («No pongas esa cara tan seria») en la nueva versión que ahora leen sus hijas. ¿Por qué? ¿Es que los niños de ahora serían incapaces de entender la original?

Dentro también de mi experiencia personal, quiero recordar al gran Félix Rodríguez de la Fuente, cuyas explicaciones los niños seguíamos absortos, y no eran precisamente sencillas (“la memoria genética”, “la solana y la umbría”, y muchas otras).

¿Qué opináis?

50 obras musicales con las que tus hijos tienen que crecer

Resulta que Dani llega del cole trayendo canciones que aprende en los recreos y demás, con sus compañeros. Canciones de dudosa calidad, siendo extraordinariamente generoso. Así que creo que este post me va a ser muy útil, y espero que también a vosotros.

Es éste, por tanto, un post diferente a los habituales. Os pido vuestros comentarios y sugerencias, especialmente de los más puestos en esas artes. No estoy hablando de música para niños, sino de música de “conocimiento obligatorio”, ya me entendéis. Se aceptan todas, por supuesto. Y de todo tipo, tenemos obras maestras musicales en la música clásica, en películas, y prácticamente en cualquier estilo musical. Espero vuestras sugerencias, como digo, en los comentarios, pero no solamente. Si me las comunicáis por cualquier otro medio también vale. Yo iré recogiéndolas y mantendré este post en permanente actualización, para que siempre sea una referencia. Y el número “50” no está escrito a fuego. 🙂


Nombre de la composición Autor Intérprete
Somewhere over the rainbow Harold Arlen Judy Garland
Moonlight shadow Mike Oldfield Maggie Reilly
Scheherazade, op. 35 Rimsky-Korsakov Varios
El carnaval de los animales Saint-Saëns Varios
Canon en Re mayor Pachelbel Varios
Sultans of Swing Dire Straits Varios
Help! The Beatles The Beatles
Smooth Criminal Michael Jackson Michael Jackson
What a wonderful world Bob Thiele y George David Weiss Louis Armstrong
Carmina Burana Carl Orff Varios
Suzanne Leonard Cohen Leonard Cohen
If not for you Bob Dylan Bob Dylan
En una isla de fresa Carlos Cano Carlos Cano
Bright Side of the Road Van Morrison Van Morrison
Changes David Bowie David Bowie
Watching the wheels John Lennon John Lennon
Bohemian Rapsody Freddy Mercury Queen
Adagio Albinoni Varios
(I Can’t Get No) Satisfaction Mick Jagger y Keith Richards The Rolling Stones
Space Oddity David Bowie David Bowie

Gracias, Louma, Ana, Daniel, Clara, Char-Lee Mito

Enseñen a los niños a ser preguntones

Mandar recitar de memoria lo que no se entiende es hacer papagayos. No se mande, en ningún caso, hacer a un niño nada que no tenga su «porqué» al pie. Acostumbrado el niño a ver siempre la razón respaldando las órdenes que recibe, la echa de menos cuando no la ve, y pregunta por ella diciendo: «¿Por qué?». Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les manda hacer, se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad, como los limitados, ni a la costumbre, como los estúpidos.

(Simón Rodríguez)