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Save syrian children

Este vídeo representa un año de la vida de una niña, mostrando pequeños fragmentos de un segundo de cada día (no se muestran todos los días), desde una situación idílica-normal de celebración de cumpleaños y juegos hasta la terrible (normal para muchos) de un territorio en guerra. Forma parte de una campaña a favor de los niños sirios.

Lo importante, ser capaces de concienciarnos de algo extrañamente difícil en esta sociedad tan globalizada: “sólo porque no esté pasando aquí, no significa que no esté pasando”.

Sirva este vídeo para acercarnos a la crueldad de la guerra y para despertar la conciencia de quienes vivimos en paz.

Me he enterado de este vídeo en el muro de Rosa Sorribas.

De cara a la pared, versión 2.0

Desde que Dani se escolarizó, hemos tenido una buena colección de diálogos (con muy buena actitud por ambas partes, debo decir) con el colegio, buscando evitar el uso de premios y castigos para educar, ya que creemos que las personas no debemos hacer las cosas solamente por conseguir un premio o por evitar un castigo, y utilizar esos métodos nos alejan de una buena educación.

¿Sabéis qué podemos conseguir si utilizamos premios y castigos para educar? Pues que ese niño, cuando sea adulto, sea capaz de mentir a su compañía telefónica por conseguir un teléfono móvil; o que sea capaz de defraudar a Hacienda (de robarnos a todos, siendo claros) para conseguir el premio de una declaración ventajosa; o que sea capaz de poner en riesgo su vida o la de los demás haciendo cualquier cosa que le reporte un beneficio económico; y, lo más triste, que la única forma que deje de hacer eso sea amenazar con un castigo.

Por supuesto, no solamente considero castigo el castigo físico, sino el castigo verbal, o enviar al niño al “rincón de pensar” (del cual deberemos hablar en otro post), o cualquier otra actitud que no sea respetuosa con el niño.

Pues bien, con esa base, cuando me enteré de la existencia de la aplicación DojoClass, como os imaginaréis, estuve muy en desacuerdo. DojoClass es una aplicación que premia a los alumnos y notifica a los padres de los éxitos de sus hijos. Desde luego, no es lo más grave de la historia, pero no debería utilizarse si nuestro verdadero objetivo es educar, entre otras cosas porque a lo mejor el profesor que emplea DojoClass considera que un niño que ha estado sentado y callado se ha portado bien y merece un premio; en cambio, el que ha estado moviéndose se ha portado mal (¡y quizá es el único que se ha comportado como un niño!).

Os dejo para el final el estremecedor tagline de este producto:
Software de Control del comportamiento

Tú eres Abraham

Hace unos días, a raíz de este cuadro de Valdés Leal, sugerido por mi amigo Álvaro Espejo, surgió un comentario habitual ante esta escena bíblica: “menudo padre, sacrificando a su hijo porque Dios se lo pide”.Juan de Valdés Leal , Sacrifice of Isaac 01

Y, como de costumbre, ahondamos en el tema, porque es la paternidad un tema que nos interesa. Y hablamos de que el Dios Sociedad a veces te pide que sacrifiques a tu hijo entregándolo a un colegio, aunque haya otras formas de educarlo. Y hablamos de que el Dios Dinero a veces te pide que sacrifiques a tu hijo yéndote tú a trabajar, aunque haya otras formas de vivir.

Y, visto así, o Abraham deja de ser malo… o pasamos todos a serlo.

Gritar menos y amar más. El desafío del rinoceronte naranja.

Hace ya bastante más de un año, una madre se dio cuenta de que gritaba a sus cuatro hijos. Que les gritaba demasiado (siempre es demasiado). Y se planteó un desafío, al que llamó “el desafío del rinoceronte naranja”. Eligió este animal porque es tenaz, vigoroso y pacífico por naturaleza, pero muestra un comportamiento agresivo cuando se le provoca. Esta mamá se sentía un rinoceronte, salvo en esa parte de la agresividad. Y como quiso dotarlo de calor y energía, de ahí el color naranja.

Esta mamá va ya camino de dos años gritando menos y amando más. Alguna vez se le escapa algún grito, desde luego, pero intentar no gritar ya es estar en el buen camino. A raíz de su iniciativa, más mamás (y papás, espero) han afrontado este desafío del rinoceronte naranja. E incluso alguna profesora. Estoy seguro de que, del mismo modo que ahora vemos impensable que se pegue a nuestros hijos en el colegio o en casa (o en cualquier otro sitio), dentro de poco será impensable que se les pueda maltratar verbalmente.

Por mi parte, aunque no soy nada gritón, intentaré mejorar en ese aspecto. Creo que es buena idea anticiparse al enfado pre-grito. Es decir, ni siquiera sentir dentro el malestar que puede acabar convirtiéndose en grito. Pasito a pasito.

Y tú, ¿te apuntas al desafío del rinoceronte naranja?

Las abarcas desiertas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

La infinita belleza de este poema de Miguel Hernández muestra con absoluta nitidez la terrible situación de pobreza que vivían muchos niños de aquella (y, por desgracia, también de esta) época. De regalo, este poema nos enfrenta a una injusticia “imaginaria” (los reyes traen regalos a unos y no a otros) que tiene su reflejo directo en la injusticia real (unos niños tienen recursos y otros no).

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Os dejo con esta versión de “Banda Inaudita”. Una joya.

Para ti, Papá, que te encanta este poema y esta versión musicada.