¿Por qué salimos más feos en las fotos?

Bueno, realmente este hecho -salir más feo en las fotos- no es una verdad absoluta. Pero, en general, sí que muchas personas nos vemos más guapos en el espejo de lo que somos que en las fotos. La explicación es curiosa y verosímil, aunque no sé si cierta: al parecer, al vernos ante el espejo nuestros músculos faciales hacen el trabajo necesario para que nos veamos guapos.

El árbol más antiguo del mundo

Tiene casi 10.000 años, está en Suecia y es una pícea de Noruega. Siendo estrictos, es el individuo vegetal clonado más antiguo del mundo. El tronco es mucho más reciente (unos cientos de años), pero el sistema de raíces tiene 9.550 años, al menos.

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De Karl BrodowskyTrabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17496567

El chimpancé pintor

Hoy os voy a hablar de Congo, un chimpancé al que le encantaba pintar. Y no solamente le encantaba, sino que lo hacía realmente bien. Sus obras fueron comparadas con las de Kandinsky y compradas por Miró o Picasso.

Se le dejaba total libertad y se realizaron diferentes experimentos, para comprobar que su obra no obedecía al puro azar. Por ejemplo, si se le interrumpía y, al cabo de un tiempo, se le permitía volver a pintar, continuaba donde lo había dejado. (Como es natural, si se le interrumpía, nuestro artista se molestaba).

¿Sabéis cuál es -a mi entender- el detalle más significativo y uno de los factores que hizo que las obras de Congo fueran excepcionales? Que, saltándose todas las normas habituales de experimentos con animales, el etólogo que llevó a cabo estos experimentos (Desmond Morris) le dejó total libertad en su proceso creativo, como decía. Total libertad: No se utilizaron con él premios (ni, por supuesto, castigos).

¿De verdad no hemos aprendido nada de este experimento? Sin premios ni castigos, un mono crea obras del nivel de los grandes de la pintura.

Un punto azul pálido

Reflexiones de Carl Sagan sobre una fotografía tomada por la sonda espacial Voyager 1, a unos 6.000 kilómetros de la Tierra. En ella (podéis verla más abajo), la Tierra es apenas un píxel.

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada importancia, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.

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El descubrimiento de la intolerancia al gluten

La enfermedad celíaca fue un misterio para la medicina durante siglos: niños con una alimentación sana y abundante que presentaban síntomas de desnutrición. Tuvo que llegar la Segunda Guerra Mundial para que el pediatra danés Willem Karel Dicke prestara atención a algo que estaba completamente enmascarado: se dio cuenta de que los niños que presentaban estos síntomas mejoraban cuando se daban condiciones de escasez.

Y como por el hilo se llega al ovillo, de la escasez llegó al pan, y del pan al gluten. La ausencia de pan (la ausencia de gluten) fue la que salvó a aquellos niños.

Willem creó la primera dieta sin gluten, y a él debemos el descubrimiento y la solución a este grave problema.

Los nombres de los huracanes

Cuando una tormenta alcanza cierta entidad se le asigna un nombre, ya que se hace necesario identificarla de algún modo (para advertir o informar a la población, para demandas de seguros, etc).

Estos nombres dependen de la zona en la que se forman las tormentas; os hablaré del caso del Atlántico Norte (no es la única zona que tiene una nomenclatura parecida): se han creado seis listas diferentes de nombres, en donde, por orden alfabético, hay nombres femeninos y masculinos alternándose. Se van asignado, a cada huracán del año, un nombre, siguiendo el orden marcado por la lista. Si algún año se completara la lista, se usarían los nombres de las letras en el alfabeto griego.

Le debo esta curiosidad a Marimar. Gracias! 😉

La Biblia y el número pi

Una de las aproximaciones más antiguas del número pi la encontramos en la Biblia:

Hizo el Mar de metal fundido, que medía diez codos de diámetro, cinco de altura y treinta de circunferencia.
(2 Cro 4 2)

Una aproximación un poco burda (30/10 = 3), pero aproximación, al fin y al cabo.

Hablamos de esto en la Primera Época de El Cartapacio