El año de la polca y el año de la pera

La polca es una danza popular que apareció en Bohemia en el año 1830. Desde ahí se fue extendiendo a otros países.

Actualmente se utiliza la expresión “el año de la polca” para indicar que algo es muy antiguo. Aunque hemos buscado más información sobre el tema, no la hemos encontrado, pero sí nos gustaría saber cuándo se empezó a utilizar esta expresión. Imaginamos que al ir pasando de moda esa danza.

El mismo sentido tiene “el año de la pera” (indicar que algo sucedió hace mucho tiempo). Hemos encontrado dos posibles orígenes, sugeridos por un usuario (aunque cita a María Moliner): 1) referirse a la época en la que se usaban “perillas” para encender/apagar la luz o 2) referirse a la época en la que los caballeros llevaban “perilla” en lugar de barba.

Para Miguel ;-*

Cine, música, distribuidores y piratería

Comenzaré con algo completamente evidente: las profesiones se quedan obsoletas cuando dejan de aportar valor. El chófer de carruajes, tan necesario hace sólo un siglo, ya no existe. Lo mismo sucede con herreros o curtidores. Lo mismo va a suceder pronto con los carteros o con los libreros. Son profesiones que van a desaparecer tal como las conocemos. Desde luego, pueden (deben) orientar su carrera para ofrecer un servicio que aporte valor: el chófer de carruajes puede seguir dando servicio a turistas, por ejemplo.

La distribución de música y cine proporcionaba, hasta hace unos años, un servicio de gran valor: hacía que los usuarios finales pudiéramos disfrutar en nuestras casas de esas formas de cultura. Y la única forma de conseguirlo era acudir a las tiendas.

Ahora esto ha cambiado radicalmente: podemos acceder a películas desde nuestras casas. La distribución ha perdido sentido, ya que no aporta ningún valor extra. Por lo tanto, debe desaparecer o (mejor aún) renovarse.

Del mismo modo que antes los cines pagaban a la empresa que les transportaba enormes rollos de película y ahora pueden recibir la película en un formato de mayor calidad y directamente vía internet, también los usuarios finales dejamos de pagar al “transportista” y accedemos directamente a la película vía internet.

Así pues, parece claro que el distribuidor (al menos, tal como lo conocemos) debe dejar de participar en esta cadena, ya que no aporta valor. Pero, ¿qué pasa con los creadores? ¿Qué sucede con el artista que compone una canción o crea una película? ¿Debe cobrarse o debe dejarse acceso libre?

Antes de nada, no debemos olvidar que los artistas tienen otras fuentes de financiación, más allá de la venta de CDs o DVDs: conciertos, cines o merchandising, por ejemplo.

¿Por qué el creador querría que sus obras llegaran gratis al público?
Podría ser que al creador le convenga que el público pueda acceder gratis a sus obras: si mi música se distribuye gratuitamente, me conocerá más gente, y vendrá más gente a mis conciertos (y daré más conciertos).

Y el público, ¿por qué estaría dispuesto a pagar?
Creo que estaríamos dispuestos a pagar entre 2-3 euros por un estreno y 1 euro (o menos) por una película anterior. Básicamente, es un precio similar a un alquiler… pero el público general ve la mayoría de las películas solamente una vez.

También estaríamos dispuestos a pagar un canon por aquellos dvd’s que vamos a utilizar para grabar películas o música.

Quizá también podríamos pagar por packs que nos faciliten el trabajo. Si estoy viendo los premios Goya y me ofrecen bajarme todas las películas nominadas por unos 25 euros, seguramente lo aceptaría encantado. Si me puedo bajar todos los documentales sobre delfines, en lugar de tener que estar buscando en mil sitios, también estaría dispuesto a pagar.

¿Y la publicidad? Supongamos que las cadenas de televisión te permitieran bajarte sus series (hablo de bajar, no de tener que ver en sus páginas) incluyendo la publicidad. ¿Te importaría? Eso permitiría que las cadenas cobraran más a sus anunciantes (ya que no sólo se van a ver en una franja horaria y en un momento concreto).

Debemos entre todos seguir buscando una solución a este problema que, a mi entender, no pasa por criminalizar las descargas ni por cobrar un canon indiscriminado. Estoy seguro de que hay un lugar de consenso en el que todos (autores, público, quizá incluso distribuidores) encontraremos un bonito equilibrio.

¿Preferimos República o Monarquía?

Es este un debate que surge de forma cíclica a lo largo de la historia (y, de hecho, se ha cambiado de un modelo a otro varias veces).

Voy a exponer aquí mis argumentos sobre este tema, siempre tan dado a las discusiones:

- la monarquía es un sistema injusto: injusto para el pueblo, porque coloca a la realeza en un nivel inalcanzable, rompiendo la base de que todos somos iguales; injusto también para la realeza, porque desde recién nacidos tienen decidido su destino (y dudo mucho que una persona educada desde el día cero de su existencia para desempeñar una función concreta pueda cambiar fácilmente).

- la monarquía es un sistema que coloca a un representante de todos en un nivel por encima de partidos políticos y por encima de diferencias.

- en las citas internacionales, el orden que marca el protocolo tiene relación con el tiempo que se lleva en el cargo. El Rey de España casi siempre irá por delante del Presidente de Estados Unidos (salvo cuando haya cambio de rey). Esto tiene un valor económico y de publicidad (que imagino que alguien habrá estimado).

- en general (percepción mía), un rey (salvo que sea la viva imagen de la corrupción) es mejor recibido en un país extranjero (en parte por los dos puntos anteriormente citados: lleva mucho tiempo en el cargo y, por lo tanto, es famoso; y está por encima de diferencias políticas) que el presidente de una república. Desde ese punto de vista, se puede considerar el dinero invertido en la monarquía como dinero invertido en publicidad.

- es una institución histórica; del mismo modo que dedicamos dinero a mantener monumentos históricos como castillos o catedrales, también dedicamos dinero a mantener esa institución. Desde ese punto de vista, se puede considerar el dinero invertido en la monarquía como dinero invertido en patrimonio histórico.

Y estos son los puntos que quería comentaros. Y vosotros, ¿qué opináis?

El origen de la palabra “pesadilla”

Existe un trastorno del sueño que presenta, entre otros síntomas, una sensación de opresión en el pecho. Como podréis imaginar, rápidamente las creencias populares asociaron esa opresión con fenómenos extraños, avisos de desgracias cercanas o monstruos o fantasmas subidos sobre el pecho de la persona dormida.

La pesadilla, de John Henry Fuseli
La pesadilla, de John Henry Fuseli

Y sí, el origen de la palabra “pesadilla” tiene relación directa con esa opresión en el pecho.

Para Miguel ;-*

El día de llevar los niños al trabajo

Vivimos en una sociedad que, en general, ha decidido no mirar hacia los niños. O, si los mira, lo hace considerándolos ciudadanos de segunda tercera clase. Por supuesto, nuestras necesidades (de trabajo e incluso de ocio) son más importantes que las suyas.

En España la baja por maternidad es de cuatro meses (la de paternidad es completamente ridícula: quince días). Esto significa que la madre de un bebé de cuatro meses (todavía en puerperio, todavía posiblemente con lactancia exclusiva) tiene que reorganizar toda su vida (y la de su hijo) para poder asistir al trabajo (intentando rendir como el que más, claro) y, ya en casa, poder compensar la ausencia a la que somete a su hijo.

Sé que este es un tema en el que confluyen muchos factores y que, tal como tenemos montada la sociedad, deja (todavía más) a la mujer en una situación de inferioridad con respecto al hombre. Las soluciones son múltiples y variadas: reducciones de jornada, implantación de teletrabajo y ¿por qué no? llevar a los niños al trabajo.

Pero lo que pretendo con este post es, simplemente, un primer paso hacia esa última propuesta: ¿qué os parecería si tuviéramos un día al año en el que se “pudiera” llevar los niños al trabajo? ¿Y si ese día pudiéramos trabajar casi (o igual, o mejor) que cualquier otro día?

Quizá podría ser el primer paso hacia un futuro más bonito. ¿Os animáis?

El bar con los clientes en un país y el barman en otro

Hace unos días descubrí un maravilloso blog, Fronteras, dedicado a curiosidades geográficas. Y allí me enteré de la siguiente:

A unos cuarenta kilómetros al norte de Ginebra, nos encontramos con un bar que es atravesado por la frontera francosuiza. En concreto, la frontera coincide con la barra del bar. Y claro, tenemos a los clientes en Francia y al barman en Suiza.

Y por si fuera poca curiosidad la de estar en diferentes países, todavía se acrecienta cuando nos damos cuenta de que cada país tiene su moneda (euro en Francia, franco en Suiza).

Lógicamente, admiten ambas monedas, aunque los precios legalmente deben estar en francos. Así que, si cobran en euros, hacen la conversión a francos.